Así es Rubén Alonso...
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| Manuel Cañadas escribió un artículo sobre Rubén Alonso. Foto: El Diario de Hoy |
El domingo pasado el técnico Rubén Alonso tomó la decisión de dejar su cargo en Club Deportivo Chalatenango. Ya nos e sentía bien con el expresidente Francisco Peraza, quien desde Facebook le envió un recado acerca de cuándo se iría.
Por eso, tras el calor de la derrota contra Alianza, Alonso reclamó que le pagara el directivo norteño el dinero adeudado. Hubo discusión y su reacción fue noticia en los medios de comunicación.
Sin embargo, más allá del arrebato tras ser provocado, hay una historia que los aficionados deben conocer. Este día, el exeditor de deportes de Periódico Más! y exjugador, Manuel "Meme" Cañadas escribió un post en Facebook sobre quién es Alonso.
La lectura de esta semblanza es imperdible. Rubén es una persona humilde y luchadora.
SACARON DE QUICIO AL HUMILDE RUBÉN
Por ahora ha de estar al frente de su parrilla, atendiendo a sus numerosos clientes allá en Acajutla, quienes llegan imantados no solamente por ese olor tan provocador que inunda la cuadra, sino para charlar con él aunque sea un ratito.
Esa parrilla es el lugar más parecido a la cancha donde Rubén Alonso encuentra sosiego, se gana el pan de cada día y disfruta cuando los clientes comen a muela convencida y se van satisfechos.
El pasado sábado lo vi descompuesto por primera vez, una palabra bastó para sacarlo de quicio, le dijeron “corrupto” y se encendió.
El noble uruguayo cuya andadura siempre ha estado revestida por la humildad y la honestidad, estalló y reaccionó bruscamente, pero sus leales escuderos entre los que estaba Misael Alfaro lo calmaron. Su agresor verbal debe haberse sorprendido, tantas veces que a él se lo han dicho y hasta le causa gracia, lo toma casi como un cumplido.
Posteriormente a la hora de la quietud y la reflexión, Rubén debe haberse sentido muy mal anímicamente, pero la situación ya había pasado y se quedaba sin equipo.
Para conocerlo un poco más debemos remitirnos al año 1985 cuando Juan Quartarone lo fue a traer a Guatemala para que en el Alianza le resolviera el añejo problema de los goles. Sin una hoja futbolística asombrosa pero con un corazón enorme y deseos de devengar su salario llegó para ser campeón. Era un futbolista callado de esos que solamente hablan cuando lo creen necesario, que si no tenía el glamour de los consagrados, en la suma de sus virtudes, sus goles sacaban ventajas a la mayoría, ya que su real valer estribaba en el empeño y la voluntad que ponía en cada jugada como que si fuera la última, lo cual podía a traducirse en una frase: amor por su profesión y los colores que defendía.
Con los aliancista hizo click de inmediato no solo en la cancha sino con la grada; junto a sus paisanos Carlos Reyes y Hernán Sosa, el argentino Alejandro Biegler y nacionales como "Kin" Canales, Julio Palacios Lozano, Juan Ramón "Pitufo" Pacheco, el “Negro” García Prieto, Raúl Chamagua y bajó la dirección técnica de Ricardo Sepúlveda quien había llegado por "Quarta", lograron la tercera corona para el Alianza en ese 1986, veinte años después de aquel doblete que consiguiera la primera “Orquesta Alba”.
Luego siguió su carrera en Honduras con el Real España, después pasó al Aurora y al Finanzas Industriales de Guatemala.
Rubén regresó en 1991 para el Fuerte San Francisco, después recaló en el Apaneca, Acajutla, ADET donde culminó su carrera.
Para entonces se había radicado en Acajutla y puso su negocios de asados a la uruguaya, que atiende personalmente, donde nunca ha tenido ambages para salir a ofrecer su producto a la gente porteña, que le brinda un trato especial. Paralelamente se graduó como entrenador, siempre con una vida sana, la personalidad fraterna, pero sobre todo humilde. Es que en Rubén se conjugan en perfecta armonía un ayer y un presente, y lo que más se admira es esa forma de conducirse que casi llega a enternecer pues siendo dueño de un exterior duro, esconde un alma buena que emerge al tratarlo.
En 1998 dirigió a los albos y los condujo a su séptima corona , en 2003 hizo lo mismo con el San Salvador y quizás por ser tan apartado, sin esa pantomima ni agrandamiento de muchos entrenadores que hablan con retóricas memorizadas, se había dedicado a equipos de menor categoría, pero en 2015 en la fecha 12 del Clausura 2015 llegó al Alianza como emergente y en el siguiente torneo Apertura ya con el equipo armado a su gusto y su ejemplo de trabajo, el fútbol lo compensó con la corona.
Dirigió también al Sonsonate y últimamente había recalado en el Chalatenango donde le pasó lo que a muchos goleadores de raza metidos a dirigir, ver como sus jugadores fallan frente al arco ocasiones que en su tiempo hubiera definido sin mayores problemas. Y así el Chalatenango había venido a menos.
Fuera de la cancha este hombre parece ensimismado, pero cuando está con sus jugadores se entrega al trabajo de una manera inusual. Ya antes había tenido un altercado con un miembro de esa especie de futbolistas, que aprenden a teñirse el pelo antes que a saber parar la pelota y lo supo manejar con esa su mesura, pues es un entrenador que sabe lo que quiere y como lograrlo siempre y cuando tenga lo indispensable.
Pero el sábado no pudo más y ante las imprecaciones de un dirigente, quien para más señas se encuentra suspendido, reaccionó muy lejos de su forma de ser; dejó que su corazón infantil cediera ante las provocaciones, como un niño lo hace cuando un cipote pícaro y malintencionado lo culpa de una falta que no cometió. Ese es el Viejo Rubén, el campeón que tanto admiramos, un hombre con una humildad tan grande como su amor por el fútbol.
Esa parrilla es el lugar más parecido a la cancha donde Rubén Alonso encuentra sosiego, se gana el pan de cada día y disfruta cuando los clientes comen a muela convencida y se van satisfechos.
El pasado sábado lo vi descompuesto por primera vez, una palabra bastó para sacarlo de quicio, le dijeron “corrupto” y se encendió.
El noble uruguayo cuya andadura siempre ha estado revestida por la humildad y la honestidad, estalló y reaccionó bruscamente, pero sus leales escuderos entre los que estaba Misael Alfaro lo calmaron. Su agresor verbal debe haberse sorprendido, tantas veces que a él se lo han dicho y hasta le causa gracia, lo toma casi como un cumplido.
Posteriormente a la hora de la quietud y la reflexión, Rubén debe haberse sentido muy mal anímicamente, pero la situación ya había pasado y se quedaba sin equipo.
Para conocerlo un poco más debemos remitirnos al año 1985 cuando Juan Quartarone lo fue a traer a Guatemala para que en el Alianza le resolviera el añejo problema de los goles. Sin una hoja futbolística asombrosa pero con un corazón enorme y deseos de devengar su salario llegó para ser campeón. Era un futbolista callado de esos que solamente hablan cuando lo creen necesario, que si no tenía el glamour de los consagrados, en la suma de sus virtudes, sus goles sacaban ventajas a la mayoría, ya que su real valer estribaba en el empeño y la voluntad que ponía en cada jugada como que si fuera la última, lo cual podía a traducirse en una frase: amor por su profesión y los colores que defendía.
Con los aliancista hizo click de inmediato no solo en la cancha sino con la grada; junto a sus paisanos Carlos Reyes y Hernán Sosa, el argentino Alejandro Biegler y nacionales como "Kin" Canales, Julio Palacios Lozano, Juan Ramón "Pitufo" Pacheco, el “Negro” García Prieto, Raúl Chamagua y bajó la dirección técnica de Ricardo Sepúlveda quien había llegado por "Quarta", lograron la tercera corona para el Alianza en ese 1986, veinte años después de aquel doblete que consiguiera la primera “Orquesta Alba”.
Luego siguió su carrera en Honduras con el Real España, después pasó al Aurora y al Finanzas Industriales de Guatemala.
Rubén regresó en 1991 para el Fuerte San Francisco, después recaló en el Apaneca, Acajutla, ADET donde culminó su carrera.
Para entonces se había radicado en Acajutla y puso su negocios de asados a la uruguaya, que atiende personalmente, donde nunca ha tenido ambages para salir a ofrecer su producto a la gente porteña, que le brinda un trato especial. Paralelamente se graduó como entrenador, siempre con una vida sana, la personalidad fraterna, pero sobre todo humilde. Es que en Rubén se conjugan en perfecta armonía un ayer y un presente, y lo que más se admira es esa forma de conducirse que casi llega a enternecer pues siendo dueño de un exterior duro, esconde un alma buena que emerge al tratarlo.
En 1998 dirigió a los albos y los condujo a su séptima corona , en 2003 hizo lo mismo con el San Salvador y quizás por ser tan apartado, sin esa pantomima ni agrandamiento de muchos entrenadores que hablan con retóricas memorizadas, se había dedicado a equipos de menor categoría, pero en 2015 en la fecha 12 del Clausura 2015 llegó al Alianza como emergente y en el siguiente torneo Apertura ya con el equipo armado a su gusto y su ejemplo de trabajo, el fútbol lo compensó con la corona.
Dirigió también al Sonsonate y últimamente había recalado en el Chalatenango donde le pasó lo que a muchos goleadores de raza metidos a dirigir, ver como sus jugadores fallan frente al arco ocasiones que en su tiempo hubiera definido sin mayores problemas. Y así el Chalatenango había venido a menos.
Fuera de la cancha este hombre parece ensimismado, pero cuando está con sus jugadores se entrega al trabajo de una manera inusual. Ya antes había tenido un altercado con un miembro de esa especie de futbolistas, que aprenden a teñirse el pelo antes que a saber parar la pelota y lo supo manejar con esa su mesura, pues es un entrenador que sabe lo que quiere y como lograrlo siempre y cuando tenga lo indispensable.
Pero el sábado no pudo más y ante las imprecaciones de un dirigente, quien para más señas se encuentra suspendido, reaccionó muy lejos de su forma de ser; dejó que su corazón infantil cediera ante las provocaciones, como un niño lo hace cuando un cipote pícaro y malintencionado lo culpa de una falta que no cometió. Ese es el Viejo Rubén, el campeón que tanto admiramos, un hombre con una humildad tan grande como su amor por el fútbol.

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